lunes, 14 de enero de 2008




UNIÓN DE DOS MARES


«El proyecto en cuestión –conservado en el Archivo General de Navarra– tiene este encabezamiento: Canal navegable desde el Mar Mediterráneo al Océano Cantábrico».

Humanamente hablando, esperar de inmediato, una perfecta unidad entre todos los cristianos, es algo que resulta difícil, poco menos que imposible. La consecución próxima de un solo rebaño, el silbido amoroso de un solo pastor, es desde el mismo prisma humano, algo inseguro, incierto, complicado.

Sin embargo, lo que de “tejas a abajo”, se presenta como enormemente arduo, costoso, casi impensable, desde una perspectiva de fe, aparece como un proyecto ciertamente asequible en el tiempo, más aún, realizable en un periodo concreto y cercano.

Los días que hoy comienzan, ocho jornadas, intensas, apretadas, llenas de oración, mortificación y caridad podrán adelantar, sin duda ninguna, esa fecha tan deseada y pedida por todos. Las plegarias, ocultas y sencillas, podrán acercar a nuestras manos sedientas de unidad, el agua fresca de la comprensión. Los pequeños y los normales sacrificios, podrán clavar en nuestros corazones esponjosos de amor y de sosiego, el mismo querer y el mismo sentir. La constante comprensión de todos nosotros podrá levantar por los aires de nuestras desuniones, rencores, egoísmos, el edificio único y compacto del amor universal.

Es preciso que insistamos en la oración; que nos llenemos de esperanza y de ambición noble en nuestros ruegos, que crezcamos en una intensa fe en Dios, en generosidad entre los hombres.
Las empresas grandes requieren espíritus abiertos, capaces de asombro, dispuestos a emprender mil veces los mismos proyectos que otros comenzaron, aún temiendo que tal vez, no se realicen nunca, pero sabiendo que al menos los deseos futuros han existido en el recóndito santuario de ciertas personas.

En estas fechas, cuando rezaba y pensaba en la unidad de los cristianos, me acordaba de aquel viejo proyecto de unión de los dos mares, ideado por don Santos Ochandátegui, extraordinario director de grandes realizaciones en suelo navarro, que como es sabido, pasaron a la historia de nuestra tierra.

«El proyecto en cuestión –conservado en el Archivo General de Navarra– tiene este encabezamiento: Canal navegable desde el Mar Mediterráneo al océano Cantábrico, continuando el proyecto del Reino de Aragón, cruzando el de Navarra y la provincia de Guipúzcoa por los ríos Arga y Oria, unidos por varios manantiales y depósitos de agua en la altura de Lecumberri».[1]

Es cierto que el autor reconoce las enormes dificultades derivadas «de la elevación y aspereza de las montañas que separan las vertientes cantábricas y mediterráneas y de otros obstáculos en la zona media y Ribera de Navarra, por los cerros y colinas que dificultan el trazado del proyectado canal; pero arguye que parecidas dificultades tuvieron que resolverse para la construcción del célebre canal de Languedoc, en Francia, aunque con la enorme ventaja sobre el nuestro, de la menor elevación de las tierras sobre el nivel del mar».[2]

Este proyecto fue un mundo de posibilidades, que se frustró como tantas otras cosas en las empresas de los hombres, pero la intención del autor, debemos decir que fue extraordinaria, ambiciosa, digna de encomio.

Y pensaba en mi interior en estos días, próximos a estas jornadas de oración universal, que si difícil era la unión de los dos mares, costosa también es la unión entre todos los cristianos. Muchos naufragan en los mares de la confusión, otros se tambalean en las aguas de la ignorancia; quienes transitan por los campos de la apatía y del tedio; quienes sestean en la arena de las playas del ocio, el materialismo, la comodidad.

Y tú y yo, ¿cómo estamos? Existen muchos obstáculos en la recta de la unidad, en el camino del amor. Sin embargo, de nuevo acaricio la idea de unión. Un año más me animo a pedir esa unión de los cristianos. Cada enero, del 18 al 25, es como el brote de un mundo de posibilidades de paz, de acercamiento, de comprensión; es como una demostración palpable de nuestra intolerancia y una prueba más para nuestra fe.

Vamos a rezar mucho; a sacrificarnos más; a cortar egoísmos; a limar asperezas; a construir verdades. Tal vez la unidad se frustre de nuevo, pero en tu corazón y en el mío, en el de todos, se alzará un monumento a la unidad, que será como signo y símbolo de la unidad universal permanente de todos los cristianos.


DN 21 de enero de 1981

[1] Florencio Idoate, Rincones de la Historia de Navarra, Ediciones Aramburu, Pamplona 1979, Tomo, I, p. 222.
[2] idem, p. 222.

martes, 8 de enero de 2008


CON SENCILLEZ DE CORAZÓN


“Qué bien lo ha recogido el refrán: Lo que se aprende con babas, no se olvida con canas”.

El rostro de cualquier niño es una ventana abierta para contemplar al hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, rey de la creación y del universo.

Sin embargo, todo niño es un ser lleno de limitaciones, torpe e indefenso; necesitado para casi todo de sus progenitores. Y efectivamente, al calor de sus padres y al abrigo de las personas que le quieren, el niño, poco a poco, va aprendiendo las cosas más fundamentales de la vida.

En cada casa, pequeña o grande, el niño aprende a dar sus primeros pasos; a coger con habilidad la cuchara en la comida, a abrir y cerrar las puertas del salón; a pronunciar las primeras palabras, llenas de ilusión y de esperanza.

El niño está llamado, también, a conocer a Dios, a quien no ve con sus ojos inquietos ni escucha con sus oídos atentos, a quien no puede acariciar con sus débiles manos, en las llanuras del hogar, en la familia.

Por ello, la instrucción religiosa del niño requiere palabras y explicaciones adaptadas a su mentalidad, para que él pueda entender que existe aquel a quien nunca vio y que no obstante le quiere y le cuida; para que pueda comprender que Dios está en el cielo y a la vez muy cerca de la cuna donde duerme.

Por eso, la familia es el mejor sitio para aprender a rezar a hablar con Dios y a vivir unas prácticas de piedad sencillas.

Enseñar a los hijos a tratar a Dios, es tarea de los padres. Las oraciones deben aprenderlas los niños de labios de sus padres. Las lecciones enseñadas en el hogar se graban a fuego, en el alma limpia y tierna de los pequeños, y además, duran para siempre. Qué bien lo ha recogido el refrán: “Lo que se aprende con babas, no se olvida con canas”.[1]

Recordaba Juan Pablo II hace un tiempo: «Queréis vosotros, padres y madres, que vuestros hijos se hagan verdaderamente hombres. Y esto depende en gran medida de lo que adquieren en la casa paterna. Nadie puede sustituirnos en esta obra. La sociedad, la nación, la Iglesia, se construyen sobre la base de los fundamentos que echéis vosotros».[2]

Sólo los padres que viven la fe en Dios, que le tratan con amor y confianza, pueden transmitir a los suyos los valores del espíritu. La vivencia de las verdades que se creen, es la mejor de las garantías para una abundante cosecha.

El niño tiene derecho a que sus padres tengan en cuenta esa grave necesidad: tratar a Dios, y que él, por carecer de uso de razón, todavía no conoce.

Los padres son por derecho natural los primeros educadores y los responsables de sus hijos. La Iglesia confía en los padres cristianos, porque en ellos ha puesto Dios el don de procrear y en consecuencia la responsabilidad de orientar hacia el Creador el fruto de su amor consumado.
Este es sin duda, uno de los derechos más importantes del niño, tal vez uno de los más silenciados, pero por lo mismo, de los más urgentes, de poner en primer plano. El Año Internacional del Niño, ya lo hemos dejado atrás, pero el derecho del niño nunca debemos olvidarlo. El niño lo reclama desde el silencio de su candor: desde la cátedra de su impotencia; desde la tribuna de su inocencia.

En resumen: Este derecho admirable del que gozan todos los nacidos o deberían de gozar en la práctica, puede enunciarse de este modo: “Existe el derecho del niño a conocer a Dios a través de sus padres y a aprender de ellos a tratarle con sencillez de corazón”.[3]

El rostro de cualquier niño, mirado despacio y a solas, es la mejor rúbrica a todo lo que hasta aquí venimos diciendo. Los ojos de cualquier niño, mirados despacio y a solas, son la mejor prueba de que existe el misterio.

El alma de cualquier niño sentida en el silencio, es la garantía de que vive un Ser de quien somos imagen y semejanza»

DN 1 de marzo de 1981

[1] Refrán que nos recordaban los padres a sus hijos.
[2] Juan Pablo II, Homilía en la parroquia de San Buenaventura, en Torre Spaccata (1-IV-1979), DP 109, 1979, n. 3.
[3] Cfr. Discurso al Comité de Periodistas Europeos para los Derechos del Niño (13-1– 1979) DP 15, p. 17.

domingo, 6 de enero de 2008


RUIDO LENTO Y SILENCIOSO


“No llama sólo a los Reyes Magos,
que eran sabios y poderosos;
antes había enviado a los pastores de Belén, no ya una estrella, sino uno de sus ángeles”.


Durante toda esta noche, pequeños y grandes hemos escuchado con emoción, por los cuatro rincones de Navarra, el ruido lento y silencioso de alegres cascabeles, anunciadores del paso seguro de los enormes camellos, repletos, como siempre, de ricos y añorados regalos, montados por los Reyes Magos.

Muchos de vosotros, como yo, os habréis preguntado a lo largo de esta noche: ¿Pero quiénes fueron estos Magos? ¿Cuántos eran? ¿De dónde procedían? ¿Qué significado tenía la estrella? ¿Cuál es el contenido teológico de la fiesta de los Magos o Epifanía del Señor?

Como primera respuesta os diré que el evangelista San Mateo los presenta, simplemente, como unos personajes interesados en hallar al recién nacido Rey, cuando dice: “¿Dónde está el Rey de los judíos que acaba de nacer?, porque hemos visto su estrella y venimos a adorarle”.[1] Y poco más.

Como veis, el evangelista no dice ni cuántos eran, ni cómo se llamaban, ni de dónde procedían exactamente. Se ve que el escritor sagrado no consideró imprescindibles para sus destinatarios, ofrecer tales detalles.[2]

He espigado en distintos lugares y he encontrado respuestas que aclaran de algún modo la curiosidad de los interrogantes arriba enunciados[3].

En cuanto al número de personajes, un fresco del cementerio de San Pedro y San Marcelino en Roma, representa a dos. Un sarcófago del Museo de Letrán, muestra a tres. En el cementerio de Santa Domitila aparecen cuatro. Y hasta ocho aparecen en un vaso del Museo Kircheriano. Algunos hablan de doce.

No obstante, ha prevalecido el número de tres, acaso por correlación con los tres dones que ofrecieron al Señor –oro, incienso y mirra– o porque se los creyó representantes de las tres razas: Sem, Cam y Jafet.

Los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar, aparecen por primera vez en un manuscrito parisino de fines del siglo VII y después, en otro manuscrito anónimo italiano del siglo IX. En otros autores y regiones se les conoce con nombres totalmente distintos.

Su condición de Reyes parece haberse introducido por la interpretación literal de las siguientes palabras de la escritura: “Los reyes de Tarsis y de las islas le ofrecerán sus dones; los reyes de Arabia y Sabá le traerán regalos”.[4]

Sobre el lugar de su origen, unos los hacen proceder de Persia, otros de Babilonia o de Arabia y hasta hay quienes los hacen originarios de lugares tan poco situados al oriente de Palestina como Egipto y Etiopía.

Un precioso dato arqueológico del tiempo de Constantino muestra la antigüedad de la tradición que parece interpretar mejor la intención del evangelista, haciéndolos oriundos de Persia.
La estrella en el relato del evangelista San Mateo juega un papel importante. Los Magos dicen haberla reconocido como la de Jesús: “Hemos visto su estrella y venimos a adorarle”.[5] La naturaleza portentosa de este fenómeno excluye cualquier intento de identificación con acontecimientos astronómicos naturales, como quiso Kepler o supuso Wieseler.

El contenido teológico del relato es bastante claro. El lector cristiano ve en la narración de San Mateo una transparencia clara de las palabras del Profeta: ”El pueblo que andaba en tinieblas vio una luz grande”.[6]

Los paganos han visto la luz. Y alumbrados por esa estrella caminan hasta postrarse a los pies del Mesías, para ofrecerle sus dones: oro, incienso y mirra.

No debemos olvidar que cuando escribía San Mateo su evangelio, era un hecho la expansión del cristianismo por el mundo entonces conocido. Su relato no hacía otra cosa que concretar esa gozosa realidad, en un delicioso episodio, en el cual la luz mesiánica iluminaba los pasos de unos hombres paganos para rendirse a los pies del Salvador del mundo: Cristo, Jesús.

Y es que como escribió el Fundador de la Universidad de Navarra: «Nuestro Señor se dirige a todos los hombres, para que vengan a su encuentro, para que sean santos. No llama sólo a los Reyes Magos, que eran sabios y poderosos; antes había enviado a los pastores de Belén, no ya una estrella, sino uno de sus ángeles. Pero, pobres y ricos, sabios o menos sabios, han de fomentar en su alma la disposición humilde que permite escuchar la voz de Dios».[7]

Los Reyes Magos y la estrella nos recuerdan la llamada universal del Amor, y esta fiesta es ocasión para pensar en la cualidad de nuestra respuesta.

DN 6 de enero de 1980

[1] Mat. 2,1ss.
[2] José Salguero, Vida de Jesús según los evangelios sinópticos, Edibesa, Madrid 2000, p. 63. “El autor sagrado no es, de hecho, un cronista, sino un predicador del mensaje cristiano. El Evangelio es un libro de fe”.
[3] J. A. Abad Ibáñez- M. Garrido Bonaño, Iniciación a la liturgia de la Iglesia. Síntesis histórica de la Epifanía, Ediciones Palabra, Madrid 1988, p. 732ss.
[4] Sal., 72,10.
[5] Mat, 2,1ss.
[6] Isaías, 60,1ss.
[7] Josemaría Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, Ediciones Rialp, Madrid 1974, n. 33, p. 84.

sábado, 5 de enero de 2008


Jornadas de esperanza


“Yo también quiero hacerme niño en esta víspera de Reyes y con esa autoridad que me da la infancia, hacer un par de peticiones a los Magos”.

Los días que anteceden a la fiesta de los Reyes Magos, son jornadas cuajadas de esperanza. Por el ancho ambiente familiar revolotean sabores de ilusión y de sorpresa. El hermano mayor, ocultando la mirada de los otros más pequeños, interroga, en secreto, a la mamá, pequeñas dudas que no ha podido resolver con sus amigos. La madre, rememorando otros tiempos, cuchichea al oído de sus hijos rumores inocentes.

En lugares secretos de la casa descansan peticiones hechas vida. Pequeñas llavecillas cierran cariñosos trajines, arropados de sacrificios concretos.
El aire del salón de la vivienda se vuelve pesado por el polvo del barro de la calle, transportado en las viejas sandalias. Ruidos de piñones y de nueces se mezclan con las lejanas pisadas de los camellos supercargados de regalos inciertos.

Cada día que pasa se abren un poco más los ojos inocentes de los niños del mundo. Las vacaciones navideñas ruedan demasiado lentas hasta el día de los Reyes. dimes y diretes, sueños dorados, pensamientos ingenuos de inteligencias en ciernes.
Siempre, antes de la Epifanía, llega la Navidad. Navidad es la presencia del regalo más grande, Dios hecho hombre. El misterio más profundo, envuelto en sencillos elementos materiales. El Omnipotente recostado en un pobre pesebre[1].

Una cuna de madera. En ella «dormidico» el Niño-Dios. A un lado del trono de Belén, su Madre, complaciente y serena y ensimismada. Al otro, un varón fuerte y justo, un carpintero con las manos encallecidas y el alma transparente. Y nada más, y nada menos.

Y antes de la fiesta de los Reyes, también, la muerte de los inocentes, niños despeñados, madres sin consuelo y jolgorio en la fuerza del poder. Cantos por las calles del mundo y voces apagadas, miles y cientos de niños inocentes que no verán las estrellas del Oriente.

Los niños que viven entre nosotros se han enterado, un poco, de todo el regalo del cielo y de la crueldad de los hombres. Al Niño le dieron un beso en el pie descalzo; y en el «belén» de cartón que instalaron en su casa, al cruel perseguidor, le llamaron, sin componendas, tirano.

Yo también quiero hacerme niño en esta víspera de Reyes y con esa autoridad que me da la infancia, hacer un par de peticiones a los Magos. En primer lugar, ruego a Sus Majestades regalen a los hombres, a todos, a los altos y a los bajos, a los intelectuales y a los menos cultos, a los zabarceros[2] y a los pelantrines[3], a los «de aquí» y a los «de allá», a los poderosos y a los débiles, a los apacibles y a los revoltosos, una pizca de buena voluntad, para que, con ella, acojan en sus casas y en sus almas, al Dios hecho Hombre; para que, con ella, le presten al Todopoderoso un trozo de tierra, un asilo confortable, y con piedad, miren sin miedo a los ojos del Niño.

Y también suplico un poco de valentía, de responsabilidad, de coraje, para que no haya más muertes de niños inocentes. Para que nos enteremos, de una vez, que «la solicitud por el niño, incluso antes de su nacimiento, desde el primer momento de su concepción y, a continuación, en los años de la infancia y de la juventud, es la verificación primaria y fundamental de la relación del hombre con el hombre»[4].

Es triste pensar y, mucho más, contrastar que siguen siendo aniquilados por falsos prejuicios seres inocentes, aun antes de haber visto los colores de esta tierra. ¡Esos seres también tienen derecho a la vida del planeta! ¿Quién dijo que el indefenso no merece ser persona?
Pasarán los Reyes Magos, sin ruido, mansamente, al anochecer, cuando la oscuridad se pasee por la tierra. Los balcones se llenarán de flores, de regalos y en las manos de los niños ya nacidos, no cabrán los sueños, ni las ilusiones.

Yo también espero mi regalo: un deseo grande de adorar al Dios grandioso y una acogida amable a los niños, seres que desde el primer momento de su concepción comienzan a ser personas.
Ya se oyen las pisadas. Los cascabeles suenan a lo lejos. Regalos y más regalos en las alforjas de los pajes. Un don para este mundo que se muere de viejo, niños, inocencia, amor.

DN 3 de enero de 1982

[1] Luc., 2, 10-13.
[2] Zabarcera, mujer que revende por menudo frutos y otros comestibles. Diccionario de la lengua española, Real Academia Española, vigésima primera edición, Madrid 1992, p. 2119.
[3] Pelantrín, labrantín (labrador de poco caudal); pegujalero (labrador que tiene poca siembra o labor o ganadero que tiene poco ganado), Diccionario de la lengua española, Real Academia Española, vigésima primera edición, Madrid 1992, p. 1221 y p. 1559
[4] Juan Pablo II, Constitución Familiaris consortio. 1981, n. 26.

sábado, 1 de diciembre de 2007


EL HOMBRE DE LA CALLE


“Hijo, no todo lo que se puede hacer, físicamente, se debe hacer moralmente”. http://www.youtube.com/watch?v=o62EyI_v__8
Cuando era pequeño solía pasear con mis padres, algunas tardes doradas de otoño, por los estrechos caminos de tierra y de piedra que cruzaban los viejos viñedos, repletos de dulce uva. Muchas veces, al llegar a la finca de los Giles, preguntaba a voz en grito, con cierta curiosidad y machacona insistencia: ¿Puedo coger un racimo? Poder, poder, respondía mi buena madre, con la moderada sensatez aprendida al compás de las rectas acciones, sí puedes, pues tienes los pies libres y las cepas de la viña están al alcance de tu mano. Pero no debes, ya que es una obligación respetar lo ajeno. Y como tarareando un estribillo de una antigua canción, proseguía: Hijo, no todo lo que se puede hacer –físicamente– se debe hacer –moralmente–.

Hoy, cuando los hombres de la calle avanzamos veloces por el tortuoso camino de la vida, al son de suaves melodías y estruendosos tambores, con frecuencia trocamos las señales indicadoras de un término afortunado y nos guiamos por falsos conceptos, que de no corregirnos, nos empujarán inevitablemente hacia el barranco inútil, repleto de hojarasca y de maleza.

Existen personas que confunden, al menos en la práctica, la radical diferencia entre aquello que es legal, porque está permitido por la ley humana y aquello que es moral, porque está permitido por la ley divina.

Ante este error conceptual, alegremente concluyen: Las leyes morales han cambiado o cambiarán porque también han cambiado o cambiarán las leyes civiles, por tanto, lo que acaban de permitir o permitan las leyes del Estado quedará permitido también de ahora en adelante por las leyes de Dios y de la Iglesia.

Esta inexacta manera de pensar, más tarde de actuar, se deriva del tremendo influjo que, en el comportamiento del ciudadano medio, ejercen de hecho los modelos de conducta aceptados y aplaudidos en el ambiente social en que vivimos; los cuales con frecuencia olvidan los más elementales preceptos morales.

Y muchos, influenciados por ese viejo e ilógico principio: Lo hacen todos, es la moda, hacen lo que otros hacen, determinando su estilo de vida por el comportamiento de unos pocos. Y sin juzgar demasiado los móviles que mueven tal forma de vivir, llegan al extremo de permitir en sus acciones lo claramente prohibido o al menos a desentenderse de evidentes exigencias morales.
Esta actitud, socapa de proteger un talante liberal y en aras de un falso pluralismo de conductas, esconde en su actuación una raíz autoritaria, sustituye sus normas morales de inspiración religiosa por otras contrarias, que integran lo que algunos han venido en denominar moral civil.
En esta nueva moral, el término legalizar significa para algunos canalizar legalmente lo que de otro modo se hace a escondidas, con los inconvenientes de la clandestinidad. Para otros, significa moralizar, no distinguiendo éstos entre legalidad y moralidad, por entender que sólo a la ley humana corresponde establecer y definir en cada momento histórico lo que es bueno o malo, lo lícito o lo ilícito en todos los órdenes.

Ante la posibilidad de cambios importantes en la legislación civil es necesario que el hombre de la calle no renuncie a la coherencia que debe existir entre la ley humana y la ley divina, natural o positiva, tanto en la vida individual como en la vida colectiva.

Recordemos tres precisas reglas que un ilustre profesor de Derecho señala en su trabajo: La influencia de las leyes en el comportamiento moral:[1]
Primera, “no siempre coinciden lo lícito civil y lo lícito moral. No deben confundirse legalidad y moralidad. No es correcto pensar que lo que las leyes civiles permiten o no castigan, es también siempre lícito según la ley moral”.

Segunda, “en determinadas circunstancias, las leyes civiles pueden no reprimir sin aprobarlos, por eso, ciertos vicios. En estos casos de leyes tolerantes, tampoco es lícito acogerse a la ley civil con desprecio de la ley moral”.

Tercera, “existen crímenes ante los que no cabe la tolerancia, que deben ser combatidos siempre por las leyes civiles, mediante las penas correspondientes”.

Y volviendo a la anécdota del principio, en caso de duda, preguntemos a nuestra Madre la Iglesia, que siempre en su doctrina encontraremos la respuesta acertada, conveniente, segura.

DN 12 de febrero de 1980

[1] Amadeo de Fuenmayor, Legalidad, moralidad y cambio social, Eunsa, Pamplona 1981, La influencia de las leyes en el comportamiento moral. Lección inaugural del año 1978 ó 1979 en la Universidad de Navarra, Pamplona, 4 de octubre de 1978. Ius Canonicum, julio, de 1979, vol. 19, n. 38.

jueves, 29 de noviembre de 2007




Lazos de amistad



“Y con la nieve rondando por nuestra ciudad, ha llegado el ambiente, lo exterior, lo accidental, el marco de seda, a estas fiestas cristianas”.

La Navidad es más Navidad cuando se vive por dentro. Cuando se abre el cuenco del amor al Dios hecho Niño y al hermano que convive a nuestro lado. Cuando se adorna la mesa con la salsa de la caridad.

Y, externamente, se siente la Navidad, cuando se cubren los montes de nieve y los tejados de las casas destilan lluvia azucarada. Cuando las calles se adornan con luces y en los escaparates tintinea el ruido de las estrellas artificiales.

Este año, para ti y para muchos, la Navidad ha brillado con un nuevo resplandor, con un nuevo sentido, porque durante bastante tiempo hemos ido regando nuestro espíritu de sencilla normalidad: “Dios con nosotros”[1].

Para otros, la Navidad ha supuesto un paso hacia atrás, en la negra tragedia de ocultar la cabeza en la triste ala de la indiferencia. Y no le demos vueltas, cuanto más se escarba en la profundidad, mas abajo se llega en las conclusiones.

Y con la nieve, rondando nuestra ciudad, ha llegado el ambiente, lo exterior, lo accidental, el marco de seda, de estas fiestas cristianas.

Lástima que la ciudad haya estado tan triste y tan sosa. La luz, querámoslo o no, alumbra, aclara, encamina, alegra, anima. Y la sombra, la obscuridad, entristece, despista, aplana.
No queremos ser agoreros, pero la tacañería no es señal de ilusiones. Hay gastos que relucen menos y arruinan más. Hay despilfarros que hacen menos contagio y mucho más ruido.

Pero dejemos estas cosas –quisicosas que decían los antiguos– y vayamos a lo esencial, al meollo, al grano, a lo importante.

Y lo importante está en el corazón. Yo te prometo un poco más de comprensión. Dame tú la tuya y habremos creado un nuevo lazo de amistad.

DN 14 de abril de 1983

[1] Mat. 1,22.

domingo, 25 de noviembre de 2007


IMPORTANTE DOCUMENTO

ENTRE LOS ESCRITOS AL TRASLUZ



Documentación.
La Red Informática de la Iglesia en América Latina ante la brecha digital

Por Edgardo Horacio LürigSANTA FE DE LA VERA CRUZ, sábado, 24 noviembre 2007
(ZENIT.org).- Publicamos una intervención de Edgardo Horacio Lürig, responsable de Formación del Centro Nuestra de Guadalupe de la Red Informática de la Iglesia en América Latina (www.riial.org/centro RIIAL), sobre « La brecha digital y la sociedad de la información, una mirada desde la RIIAL» (www.riial.org/centro).
* * *
Antes de entrar de lleno en el aporte sobre brecha digital desde la mirada de la RIIAL (Red Informática de la Iglesia en América Latina) y desde el Centro Nuestra Señora de Guadalupe, creo conveniente definir previamente que entendemos por brecha digital y sociedad de la información.Nos dice la Wikipedia: brecha digital es una expresión que hace referencia a la diferencia socioeconómica entre aquellas comunidades que tienen Internet y aquellas que no, aunque también se puede referir a todas las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (teléfonos móviles y otros dispositivos). Como tal, la brecha digital se basa en diferencias previas al acceso a las tecnologías. Este término también hace referencia a las diferencias que hay entre grupos según su capacidad para utilizar las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) de forma eficaz, debido a los distintos niveles de alfabetización y capacidad tecnológica. También se utiliza en ocasiones para señalar las diferencias entre aquellos grupos que tienen acceso a contenidos digitales de calidad y aquellos que no.«La brecha digital se define como la separación que existe entre las personas (comunidades, estados, países…) que utilizan las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) como una parte rutinaria de su vida diaria y aquellas que no tienen acceso a las mismas y que aunque las tengan no saben cómo utilizarlas». Con respecto al término Sociedad de la información, la Wikipedia nos dice que: «Una sociedad de la información es una sociedad en la que la creación, distribución y manipulación de la información forman parte importante de las actividades culturales y económicas».La sociedad de la información es vista como la sucesora de la sociedad industrial. Relativamente similares serían los conceptos de sociedad post-industrial (Daniel Bell), posfordismo, sociedad postmoderna, sociedad del conocimiento, entre otros.Desde la perspectiva de la economía globalizada contemporánea, la sociedad de la información concede a las TIC, el poder de convertirse en los nuevos motores de desarrollo y progreso. En todo caso, aun quienes se muestran optimistas con respecto a la "Sociedad de la Información", admiten que la brecha digital es uno de los principales obstáculos en este modelo de desarrollo. A grandes rasgos, este fenómeno se refiere a todos aquellos sectores que permanecen por muy diversas razones, al margen de los beneficios y ventajas asociados a las TIC .»
La Red Informática de la Iglesia en América LatinaLa UNESCO, en el I Congreso Continental de Iglesia e Informática, en el año 2003, ha destacado el papel de la RIIAL, como una red social única en el mundo. No por su infraestructura tecnológica (que no es mucha), sino fundamentalmente por sus principios que a continuación veremos.La RIIAL, surgida antes de que el fenómeno Internet se expandiera en el continente latinoamericano, dio respuestas concretas al problema de la brecha digital. Pero antes abordar dichas respuestas, creo conveniente, explicar que es la RIIAL y cual es su filosofía .La RIIAL es: Una Red de personas, de la Iglesia, para la Iglesia y para la Sociedad. Para la Iglesia: Instrumento de comunicación. Para la sociedad: Instrumento para el encuentro y la evangelización. Permite: Acortar distancias, reducir tiempos, disminuir costos, reunir conocimientos, encontrar y distribuir información. Inicialmente estaba pensada para ser una red informática, de ahí su nombre. Con el tiempo, se convirtió en una importante red social.Es un instrumento para la comunión porque ayuda a conocer-comprender la situación que viven los demás, compartir experiencias, documentos y recursos, estrechar los vínculos entre las Iglesias particulares, compartir la vivencia de la fe, contemplar juntos la realidad del Continente a la luz de la fe, conjuntar esfuerzos para la evangelización, hacer accesibles recursos y conocimientos a los grupos más necesitados, llegar a los agentes de Evangelización oportunamente.Con el uso de la informática se ha desarrollado la ciencia, se han impulsado las empresas, se han humanizado muchas tareas. Así pues, ambos pueden servir también para la Evangelización, teniendo en cuenta que es un proceso generalizado en el mundo, y que los signos de los tiempos nos impulsan a servirnos de él. "La capacidad de formar equipos de personas que colaboren entre sí para lograr una meta común, ha mostrado siempre ser muy fructuosa. Pero yo diría que hoy se trata de un método irrenunciable. La configuración de nuestro mundo ya no admite las figuras solitarias que brillan y se extinguen en un fulgurante aislamiento. La complejidad de la sociedad actual requiere una visión interdisciplinar. Nadie puede permitirse el lujo de rechazar la aportación de los otros sin correr el riesgo de ser más pobre. La colaboración de todos en este campo es, si cabe, más necesaria y más urgente que nunca. Al formar una red, siendo cada uno quien es, se hace capaz de escuchar a los demás, compartir sus hallazgos y sentarse a la mesa de un banquete donde todos dan y reciben, aceptada la invitación del "Presidente del Ágape". Suscitar redes implica a la vez paciencia y humildad por parte de todos. Así los frutos son mayores y más permanentes, pues se ve que no sólo el mensaje es el de Cristo, sino también lo es el modo como se expresa, y es vivido en unidad por las personas que lo proclaman." (S.E.R. Pierfranco Pastore, Secretario del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales. Lima, 24 de marzo 2000). El proyecto técnico estudia soluciones en tres áreas: • La Comunicación: Comunicar a las personas e instituciones, asegurar la privacidad y reserva de las comunicaciones y acortar distancias, tiempos y costos • Las Bases de Datos: Ayudar a acceder a entidades y encontrar personas, proveer de estadísticas y datos que ayuden a comprender la realidad, proveer los datos de los cristianos de manera que puedan ser fácilmente accedidos, mantener actualizadas y accesibles las Guías Eclesiásticas y demás datos de interés general y proveer de programas para la gestión económica • Los Bancos Documentales: Digitalizar la documentación de la Iglesia para su mejor conservación y difundir la sabiduría y la enseñanza eclesial de manera sencilla y accesible Contribuciones de la RIIAL en la reducción de la Brecha Digital La RIIAL, desde sus orígenes ha sido misionera en esta cultura digital. Impulsada por el «Id y evangelizad hasta los confines del mundo», ha buscado siempre la inclusión en el área de las TICs favoreciendo a los «… los excluidos por el analfabetismo tecnológico…».
• «Una red humana de respuestas y ayudas»: «Todo miembro de la RIIAL que encuentre soluciones específicas para su propio contexto, esta invitado a compartirla con los demás, en el espíritu solidario de la RIIAL. Se trata de un espacio colaborativo, un modo de uso de la informática con espíritu de colaboración, de comunicación y comunión… …Puede compararse con una «mesa común» en la que cada uno participa según su identidad eclesial y ofrece sus hallazgos de forma gratuita para los demás miembros, beneficiándose a su vez con lo de los otros. Esto genera una conciencia de red.» «Una Red, dentro de la gran red de la humanidad, que se convierta en permanente agencia de sentido, que ofrezca como contenidos al hombre de hoy respuestas certeras y que siempre esté dispuesta a dar razones de nuestra esperanza (cf. 1 Pe 3,15)». • «Llegar a los últimos»: Desde sus inicios, la RIIAL ha tenido como eje principal de su acción «Llegar a los últimos». Es decir, uno de sus objetivos principales ha sido «construir una red para la comunión eclesial, que sirva a los más pobres y necesitados y que lleve el mensaje del evangelio hasta el último rincón del continente». Como se lee al pie del sitio web de la RIIAL: «Mientras exista en el continente un sacerdote, una comunidad religiosa, un catequista, un agente de pastoral que esté necesitado de comunicación y de asistencia de materiales para su vida y su trabajo evangelizador, la RIIAL estará 'en construcción' y no habrá completado su objetivo». • «Necesidad-Servicio»: La RIIAL ha ideado soluciones siempre de acuerdo a la ecuación «Necesidad-Servicio», es decir, ha creado servicios que apunten a necesidades reales y concretas. Ejemplo: Si la Iglesia necesitaba comunicación, la RIIAL buscó soluciones diversas de comunicación: e-mail, correo, telefonía, etc. Más adelante, veremos algunos ejemplos de redes de comunicación creadas con pocos recursos pero con mucho ingenio.
• «Traje a medida»: Otro concepto fundamental en la filosofía RIIAL es confeccionar el «traje a medida», ya que el proyecto es aplicado según la realidad: No se aplica de una única forma. Se tienen en cuenta, en cada país, diócesis, etc., los objetivos eclesiales propios a corto, mediano y largo plazo, las condiciones socio-económicas de la Iglesia local. Las personas que lo llevan adelante, las necesidades concretas de cada punto de la Red, la cultura a la que servirá, las posibilidades técnicas del mercado propio y la situación técnica del lugar.
• «Experiencias piloto»: Con su experiencia de casi 20 años, la RIIAL propone realizar los proyectos de TICs con la metodología de experiencia piloto, con un grupo reducido, gradualmente, por etapas. Y poco a poco, ir extendiendo el proyecto hasta alcanzar toda la realidad.
• «Principio de subsidiariedad»: Por el cual las diócesis más grandes o con mayor infraestructura o personal, «apadrinan» a diócesis más pobres o pequeñas.
• «Capilaridad»: «Se llega hasta el último no por disponer de una gran infraestructura, sino por la dinámica de la capilaridad de la propia iglesia». La RIIAL aprovecha los canales que le son propios: capillas, parroquias, diócesis, conferencias, institutos, universidades, colegios, etc. para poder llegar al que necesita los servicios concretos. Ejemplos de algunos Proyectos de Inclusión Digital que llevó adelante la RIIAL - Experiencias de Conectividad, Eje de Comunicación: - Argentina, Arquidiócesis de Santa Fe de la Vera Cruz: Año 1995, construcción de una Red de correo electrónico sin Internet, con computadores 286, 386 y 486, bajo Windows 3.1. Dicha red aún funciona, combinada con una red más avanzada. - Cuba, Conferencia Episcopal: Año 2000, construcción de una Red de correo electrónico con una única cuenta de correo a bajísima velocidad provista por el gobierno para todas las diócesis de la isla. - Perú, Diócesis selvática: Año 2000, sin electricidad ni líneas telefónicas, construcción de una Red de correo electrónico a través de la tecnología de radio módem (Esto es servicio de email combinando computadoras y equipos de radio llamado). Con equipos antiguos. Dicha red aún funciona. - Agencias de Noticias y Servicios Informativos: La RIIAL ha ido acogiendo o generando agencias de noticias en formato digital, accesibles vía web o por envío de en formato de boletín digital o newsletter: - ZENIT: Agencia electrónica informativa católica. «El mundo visto desde Roma», en español, inglés, francés, portugués, alemán, italiano y árabe. Noticias diarias, análisis semanal.
Es la Agencia católica de mayor difusión en el mundo. Ver http://www.zenit.org/. - OBSERVATORIO DIGITAL (Servicio de Observación sobre Internet - SOI): Un asistente para el examen constante de diversas realidades en la Sociedad de la Información, y de la propia Internet como fenómeno técnico, cultural, religioso y social. Publica un Boletín semanal. Análisis sobre el impacto de las nuevas tecnologías y su uso en los diversos ámbitos sociales, desde una visión esperanzada, con base en los valores del Evangelio. Elabora estudios sobre la evolución de la «cultura digital» a través de un equipo interdisciplinar e intercultural desde América Latina y España.
Ver http://www.observatoriodigital.net/. - Agencia informativa católica argentina: Noticias diarias vía e-mail con información de la Iglesia Argentina y universal. Información sobre obispados, obispos y documentos. Santoral. Documentos oficiales de la Iglesia. Temas de actualidad.
Ver http://www.aica.org/. - Agencia electrónica informativa católica realizada en Perú. Servicios web con santoral, enciclopedia católica y muchos otros. Español, inglés y portugués. Ver http://www.aciprensa.com%20/. - Radio y Servicios para Emisoras: - Radio Vaticano: Informativo semanal en español, portugués que llega automáticamente a todos los subscriptores a través de la RIIAL. Este llega en forma escrita y en audio según lo que el subscritor lo desee. El interés de este sitio es llegar a todos los interesados siguiendo la filosofía de la RIIAL pero especialmente a las emisoras, periódicos, televisión, etc. Actualmente se cuenta con muchos subscriptores que de diversas maneras esta en comunicación con nosotros. Este informativo vía e-mail puede también encontrarse en la pagina web de la Radio Vaticana, sección en español para América Latina y en la pagina web de la RIIAL. Todos los boletines se mantienen en un archivo para que pueda ser consultado posteriormente.
Ver http://www.radiovaticana.org/ y www.radiovaticano.org/demand.htm. - Bancos Documentales: - Servidoras: Como la Iglesia necesitaba documentos eclesiales en formato digital para sus tareas pastorales, la RIIAL desarrolló los Bancos Documentales, disponibles vía web (www.servidoras.org.ar) pero también pensando en aquellos que no pueden acceder a Internet, disponibles en CD-ROM o incluso en disquetes que funcionan bajo Windows 3.1. - Clerus: Documentos eclesiales en diferentes formatos e idiomas (CD, Smart-CD, Web, PDA, Móviles). Ver http://www.clerus.org/. - Biblioteca Electrónica Cristiana (BEC), actualizada constantemente, con los documentos más recientes del Magisterio pontificio y de la Santa Sede en general. Especialmente rica en Teología, Patrística, Pastoral, Humanidades. Ver http://www.multimedios.org/. - Desarrollo de Software Eclesial y Formación para la RIIAL - Centro de Formación y Desarrollo de la RIIAL «N.S. de Guadalupe»: El Centro, surgido en el año 2003 a instancias del PCCS, desde el año 1999 ofrece el software gratuito para la gestión de curias diocesanas y parroquias llamado «Office Eclesial». El mismo funciona en diversas versiones para los diferentes tipos de computadoras: Desde PC 386 con Windows 3.1 hasta las de última generación, incluyendo Windows Vista. Linux o Mac no han sido contemplados como plataformas aún porque en base a estudios previos, el continente posee en su gran mayoría sistemas operativos Windows. Bajo Linux, hubo pruebas usando emuladores. - Formación - Centro de Formación y Desarrollo de la RIIAL «N.S. de Guadalupe»: -Cursos presenciales sobre la RIIAL: Desde el año 2003, el Centro ha organizado en forma colaborativa con las Conferencias Episcopales 18 cursos presenciales para la formación de Técnicos o Delegados RIIAL en los siguientes países: Bolivia, Ecuador, Guatemala, Honduras (con la participación de Costa Rica, El Salvador y Nicaragua), Paraguay (2 veces), Chile, Venezuela (2 veces), Argentina, Uruguay, Cuba, Perú, México, Panamá y República Dominicana. Ha estado presente como Experto en los Talleres sobre Nuevos Lenguajes de la Comunicación organizados por el CELAM en Colombia, Argentina y El Salvador. -Cursos de formación virtuales: Cursos virtuales del software Office Eclesial a bajo costo, para llegar de esa manera a muchas comunidades que no pueden costear los gastos de un curso presencial. - Instituto Superior de Catequesis Argentino: El ISCA es un Instituto Superior nacional de catequética cuya finalidad se inscribe en el ámbito de la investigación y de la formación de formadores. Por eso asume la preparación de los que van a ejercer la responsabilidad de la animación, coordinación, conducción y/o formación en la catequesis a nivel diocesano, regional y nacional, en las casas de formación del clero y en el ámbito de las congregaciones religiosas.
Ver http://www.isca.org.ar/. - Espacios de Estudio, Formación y Diálogo Interdisciplinar: Con la voz «formación interdisciplinar» la RIIAL está dando paso a una serie de personas y focos de sabiduría y cultura que desean hacer de su rica experiencia un patrimonio común y de la interrelación y el diálogo unas bases de conocimiento interdisciplinar en que se apoye el futuro. Filosofía, Cultura de la paz, formación en valores, etc.
Ver www.riial.org/espacios. - Webs eclesiales gratuitas - Proyecto Trimilenio (http://www.trimilenio.com/): La RIIAL provee a través de VE Multimedios, un espacio de alojamiento gratuito, diseño y soporte técnico para las parroquias, diócesis, movimientos, grupos juveniles, etc. - Proyectos de las Conferencias Episcopales: Por último cada Responsable de la RIIAL de las Oficinas de Comunicación a nivel país, desarrolla proyectos de inclusión digital. Alguno de ellos son: - Ecuador: Desarrollo del Plan Amanecer, Curso Virtual de Office Eclesial para todos los técnicos diocesanos, Programa de Radio «Sin cables», Manuales de Computación Básica para Párrocos, etc. - Perú: La RIIAL Perú recorrió presencialmente todas las diócesis del país en la persona de la Sra. Rosa Ramón, visitando y ofreciendo los servicios propios. - Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica: Desarrollo de la Red de Medios de Comunicación Centroamericana, aplicando los principios de la RIIAL a todos los MCS. - Bolivia: La RIIAL Bolivia ha recorrido y visitado todo el país, formando en comunicaciones e informática. Ha desarrollado un Directorio online de todo el país. Un servicio muy importante es el ofrecido por http://www.diakonia.com/, que es una escuela superior de comunicación audiovisual: Producciones audiovisuales, Campañas de promoción y educación sobre cultura y valores y Boletín electrónico. - Portales: Todos ellos ofrecen gran cantidad de subsidios para la vida espiritual, la pastoral, la información sobre la fe, consultorios familiares, fotos y dibujos digitales para hojas parroquiales y publicaciones, etc. - http://www.churchforum.org/es.catholic.nethttp://%20www.encuentra.com/http://www.elvaticano.com/http://%20www.aciprensa.com/ConclusiónLa RIIAL, de acuerdo a uno de sus lemas: «Mientras exista en el continente una persona que necesite comunicación, estará 'en construcción' y no habrá completado su objetivo». De acuerdo a la realidad sobre Brecha Digital que conocemos, la RIIAL estará en construcción permanente. Y de la misma manera, todas las iniciativas tendientes a reducir la famosa Brecha Digital, también se encuentran en construcción permanente, ya que surgirán nuevos desafíos, nuevas tecnologías, nuevas comunidades incomunicadas.La tentación que se da muchas veces en proyectos de tecnología y comunicación es pensar en la cuestión económica: que equipos se deben comprar, maquinaria, materiales, etc. Cuando en realidad, lo primero es tener bien claro el mensaje a transmitir, comprender que cada medio tiene su lenguaje, conocer a los destinatarios del mensaje y el equipo de personas con que se cuenta para el trabajo, verificar la ecuación necesidad-servicio, comenzar con lo que se tiene, ya que no siempre «lo último» es lo que sirve. Lo que sirve viene evaluado de su capacidad para satisfacer la necesidad planteada y trasmitir el mensaje deseado, ya que a veces las cosas «viejas» o sistemas que combinan resultan ser los más adecuados para nuestra necesidad concreta. Como la RIIAL lo ha comprobador en algunas de sus experiencias, hechas con muy pocos recursos.La clave está en las personas. No en las computadoras, no en las tecnologías, no en las estructuras. La conexión no asegura la comunicación. La clave está en conformar una red de personas, que mediante su compromiso y convencimiento personal, hagan lo posible para que la comunicación «llegue al último». Y «llegar al último» será posible si cada persona que conforma la red se convierte en un «tejedor de redes», es decir, en gente que dedique tiempo y esfuerzos a abrir espacios comunes de colaboración con otros individuos y entidades, de modo que los esfuerzos de cada uno se articulen entre sí, configurando áreas más amplias de comunión y de participación, incluso de una forma interdisciplinar que atraviese las fronteras de la propia específica área de acción.El tejedor de redes es aquél que, sin dejar de ser él mismo, es capaz de mirar a su alrededor, comprender también los estilos y metas de los demás y dialogar con ellos para acomunar esfuerzos en lo posible. La reflexión conjunta ayuda a establecer vínculos más duraderos y permite ofrecer servicios más amplios a los destinatarios de ambos. Vista en esta clave, la pluralidad de formas, estilos o sensibilidades no sólo no constituye ningún obstáculo, sino se manifiesta como una gran riqueza para el conjunto.

lunes, 19 de noviembre de 2007


MAS ALLÁ DEL PÓRTICO

«La familia, en los tiempos modernos, ha sufrido quizá como ninguna otra institución, el zarpazo, el golpe, la zaparrada, la acometida de las transformaciones amplias, profundas y rápidas de la sociedad y de la cultura».


No es tarea fácil, diría casi imposible, dar cuenta en un breve artículo como éste, de la extensa temática recogida y desarrollada por Juan Pablo II en su reciente Exhortación Apostólica sobre la familias, «Familiaris consortio».

Sin embargo, ante la conveniencia de su conocimiento y la urgencia de su lectura algo hay que decir. Recientemente, un obispo español ha escrito que se trata de un documento «que es menester conocer, leer, meditar y comentar. Porque el asunto es de suma importancia para el hombre y para la sociedad, por supuesto, también para la vida de la Iglesia»[1]. Hoy, procuraré comentar, subrayar, presentar algunos párrafos, no por más valiosos que los demás, sino sencillamente por la imperiosa necesidad de la selección.

Es claro -comienza el texto- que «la familia, en los tiempos modernos, ha sufrido quizá como ninguna otra institución»[2], el zarpazo, el golpe, la zaparrada, la «acometida de las transformaciones amplias, profundas y rápidas de la sociedad y de la cultura»[3]. Es un hecho. No se puede negar.

También es cierto, que «muchas familias viven esta situación permaneciendo fieles a los valores que constituyen el fundamento de la institución familiar».[4] Estamos también ante un hecho. Tampoco se puede negar. Pero, con frecuencia, nos fijamos, más y antes, en la hendidura del árbol desquebrajado que en la lozanía del resto del bosque; nos llama más la atención la noticia escandalosa y bullanguera que el suceso vivido en el silencio y en la normalidad; ponemos antes nuestro grito en el cielo por un pequeño e insignificante desmán que ofrecemos nuestra elocuencia para alabar y aplaudir multitud de gestos nobles y encumbrados.

Por otra parte, existen familias que “se sienten inciertas y desanimadas de cara a su cometido, e incluso en estado de duda o de ignorancia respecto al significado último y a la verdad de la vida conyugal y familiar»[5]. Siempre ocurre lo mismo: la incertidumbre produce indecisión: el desánimo abatimiento, la duda perplejidad; la ignorancia tosquedad. No es extraño, pues, que ante tanta inseguridad, desaliento, vacilación e insapiencia sembrados estos últimos tiempos, por sembradores de vacío, de incoherencia, de vacuidad, se recojan tantas indecisiones e incertidumbres. Ya es viejo el refrán: «Siembra vientos y recogerás tempestades».[6]

«Otras (familias), en fin, a causa de diferentes situaciones de injusticia, se ven impedidas para realizar sus derechos fundamentales»[7], situación extremadamente grave, precisamente en este momento en el que se cacarea, por todos los lugares, la necesidad de respetar los derechos fundamentales del hombre. Pero, se cumple aquí también, aquel otro refrán: «una cosa es predicar y otra, muy distinta, dar trigo»[8].

Pues bien, ante estas situaciones difíciles y optimistas, ante este panorama lleno de luces y de sombras; ante este cuadro compuesto de claros y de obscuros; ante esta tierra húmeda y reseca, ante este hombre «mitad ángel, mitad bestia», llega, jovial, optimista, esperanzadora, segura, confiada, la voz del Papa –en este caso diríamos, con más precisión, -la escritura- del Vicario de Cristo, Pastor Universal, Maestro competente, a decirnos que «la Iglesia, consciente de que el matrimonio y la familia constituyen uno de los bienes más preciosos de la humanidad»,[9] quiere hacer sentir su voz y ofrecer su ayuda a todo aquel que, conociendo ya el valor del matrimonio y de la familia, trata de vivirlo fielmente; a todo aquel que, en medio de la incertidumbre o de la ansiedad, busca la verdad, y a todo aquel que se ve injustamente impedido para vivir con libertad el propio proyecto familiar».[10]

Y así –en este claro obscuro en el que vivimos– «sosteniendo a los primeros, iluminando a los segundos y ayudando a los demás, la Iglesia ofrece su servicio a todo hombre preocupado por los destinos del matrimonio y la familia».

Quiero señalar, que este documento, «en especial se dirige a los jóvenes que están para emprender su camino para el matrimonio y la familia»; pero de esto, podremos escribir otro día.
Nos hemos quedado en el pórtico de la Exhortación; bueno será continuar en su lectura cada uno por su cuenta.

DN 17 de enero de 1982

[1] Cfr. Mons. Marcelo González, Arzobispo de Toledo.
[2] Juan Pablo II, Constitución Familiaris consortio. 1981, n. 1.
[3] Ïbidem, n. 1.
[4] Ïbidem, n. 1.
[5] Ïbidem, n. 1.
[6] Refranero español: quien hace las cosas mal, recogerá desgracias.
[7] Juan Pablo II, Constitución Familiaris consortio. 1981, n. 1.
[8] Refranero español: es más fácil hablar que actuar.
[9] Juan Pablo II, Constitución Familiaris consortio. 1981, n. 1.
[10] Ïbidem, n. 1

martes, 13 de noviembre de 2007



«Tenían los de Inza una magnífica cruz parroquial que había sido mandada hacer
por el Señor del Palacio de Andueza. En ella estaba grabado en latín el nombre de dicho señor, Juanes de Andueza. Los más viejos aseguraban que había costado diecisiete o dieciocho vacas».

Si quisiéramos resumir, de algún modo, la religiosidad de Navarra en las centurias pasadas, podríamos decir que en cada pueblo se levantaba una iglesia, en cada iglesia brillaba una cruz y en cada cruz descansaban los amores y sudores de muchos hombres y mujeres con corazón de reyes y con gestos de familias generosas.

Lo de Inza es un ejemplo. Uno de tantos, ni más ni menos noble; ni más ni menos heroico, pero si lo suficientemente expresivo y ejemplificador como para distinguir y valorar la hombría y la honradez; la generosidad y el espíritu de fe, de aquellos que nos precedieron y de quienes quedan, por suerte todavía, ofreciéndonos los gestos concretos y las actitudes encomiables de otros tiempos.

«Tenían los de Inza –dice Florencio Idoate– una magnífica cruz parroquial –conocida de todas las otras por llevar la insignia de San Miguel a bulto debajo de la cruz, toda de plata–, que había sido mandada hacer por el Señor del Palacio de Andueza –ya difunto– algunos años antes, participando el valle en los gastos. Los más viejos aseguraban –muy gráficamente– que había costado 17 ó 18 vacas. En ella, estaba grabado en latín, el nombre de dicho señor, Juanes de Andueza, a cuya familia –la más prestigiosa de la tierra– estaba vinculada la mayordomía y alcaldío perpetuo de Aráiz».[1]

Los incidentes ocurridos en Inza, a propósito de la cruz, allá por el siglo XVI, en este momento, no nos interesan. Si hemos traído a colación lo de la cruz parroquial, ya lo hemos dicho, ha sido simplemente, por aportar un testimonio, entre muchos, del aprecio que tenían nuestros antepasados a la señal del cristiano.

Hoy las cruces parroquiales son reliquias del pasado. Muchas, al cabo de los años, se han desgastado, dejando en su uso constante, jirones de plata y trozos de adorno. Otras, han desaparecido, tal vez por descuido, insensatez o simpleza de quienes debieran custodiarlas. Sin embargo, muchas cruces parroquiales quedan; están ahí. Unas bien estuchadas, al abrigo de la seguridad y la garantía, esperando la mañana en que revoloteen las campanas y el preste de lugar se vista de fiesta y un vecino del pueblo las saque por las calles. Otras, permanecen expuestas a la devoción diaria de los fieles, a la contemplación de turistas y curiosos.

Las cruces parroquiales han sido, son y serán como un símbolo de esfuerzos y de voluntades; un racimo de fe y de esperanza; un retablo de fiestas y de alegría.

En septiembre celebramos la “Exaltación de la Santa Cruz”, justamente el día 14.

Desde que se alzara triunfante la cruz de madera en el Calvario, pasando por la gesta de Constantino y la admiración de Santa Elena, a través de innumerables cruces en las cimas de los templos o en las humildes cabezas de los nuevos cristianos, hasta llegar a la cruz parroquial de Inza, han pasado muchas brisas de gracia y muchas tormentas de impiedad; han caído muchas ramas de prejuicios y se han mudado de ilusiones, muchas veces, los olivos.

La cruz, desde aquel viernes santo, es la señal del cristiano: en las catacumbas, en el silencio; o en las basílicas, en la algazara; en lo alto de los templos o en las cimas de los montes; en el sencillo aposento del hogar o en el salón de sesiones de la ciudad; en el cuadro que adorna la ermita de la aldea o en el viejo bolsillo del cristiano corriente. La cruz siempre presente: en las cosas, en las personas, en la vida.

La cruz es un símbolo. Una realidad que se acepta o se desprecia; se rechaza o se adora. Ante la cruz, jamás se puede pasar indiferente. La cruz, también, en nuestro cuerpo. Si el hombre que sufre tiene fe, acepta, admite, recibe la cruz, y en un esfuerzo mayor, la ama y la agradece. Si la persona es incrédula, rehuye de la cruz, la rechaza y, en una desgracia mayor, la maldice.

Hoy, en este mundo nuestro, de confort y de comodidades, de materialismo y de relajamiento, las cruces siguen apareciendo ante nuestros ojos; siguen brotando con fuerza en nuestra tierra. Pero como siempre, también hoy las cruces se transforman en luz o en obscuridad; en conformidad o en resistencia; en alegría o en odio.

La cruz parroquial de Inza, es como un pequeño foco de luz que alumbra y da calor a tu cruz y a la mía, a la de tantos y tantos que caminamos por este valle de cruces.

En este mes de septiembre, vamos a limpiar las cruces, las de plata y las de cobre, y vamos a convencernos de que la cruz es nuestra señal.

Los gastos de la cruz, como los gastos de la cruz de Inza, que sean a cargo de todos.

DN 16 de septiembre de 1981
[1] Florencio Idoate, Rincones de la Historia de Navarra, Tomo I, Editorial Aramburu, Pamplona 1979, p. 42

domingo, 11 de noviembre de 2007


El mejor cuadro
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“Cuando a este cuadro de contrastes se le arranca su dimensión divina, aparece la costra horrenda de un colosal egoísmo, fruto amargo de la vertiente puramente humana, irrisorio poder que duerme agazapado en el interior de su conjunto, capaz de trastocar los más bellos colores de la estampa más perfecta”.


El hombre es un ser compuesto de diversas y profundas realidades: materia contingente y espíritu sublime con raíces de eternidad. Bestia y ángel. Madera de santo y semilla de criminal. Suave lluvia y torrencial chaparrón. Sereno remanso y estremecedora riada.

Cuando a este cuadro de contrastes se le arranca su dimensión divina, aparece la costra horrenda de un colosal egoísmo, fruto amargo de la vertiente puramente humana, irrisorio poder que duerme agazapado en el interior de su conjunto, capaz de trastocar los más bellos colores de la estampa más perfecta.

Las afirmaciones anteriores no son sólo recursos poéticos, caprichos subjetivos de mi estado anímico actual, sino más bien y, sobre todo, formulaciones pálidas de una realidad cruda y estremecedora. Sirvan unas muestras: La maternidad es una flor extraordinaria que brota de la generosidad y de la entrega. Pero ¿hay algo más horrendo, que una madre abandonando al hijo de sus entrañas en una sucia bolsa de plástico que será depositada, fríamente, en el camión de la basura?

Si se llega a tal situación es porque a lo humano —ser madre—se le ha arrancado su dimensión excelsa —colaboradora con Dios—, es decir, se ha olvidado que aquel puñadico de carne, ojos de cielo y corazón de amor, es además de eso, un hijo de Dios llamado a gozar de una espléndida felicidad.

Un hijo considerará siempre con gratitud y cariño a los que fueron sus progenitores. Les agradecerá con palabras y con obras el regalo de ellos recibido: la vida y los demás valores a ella añadidos.

Sin embargo, qué hediondo y desagradable es contemplar a un hijo que trata a sus padres peor que al perro de la casa -con todo respeto para los chuchos-.

Si estas escenas se dan es porque a lo meramente humano -la paternidad natural- se le ha desgajado el elemento divino -instrumentos de Dios-, es decir, los hijos se han llenado de egoísmo, materialismo, tristeza, impidiéndoles ver en aquellos ancianos el origen de sus vidas.
El matrimonio es un compromiso total de un hombre con una mujer y viceversa, para siempre. Sin condiciones de tiempo, de lugar, de edad o similares; de lo contrario sería una entrega imperfecta, inmadura e irreflexiva. Por eso, el divorcio es imperfección, inmadurez, atonía, que sólo se entiende desde una óptica deshumana, egocéntrica, es decir, admitiendo que a lo humano —contrato, amor, entrega— se le ha sustraído el carácter divino —contrato definitivo, amor total, entrega libre— de forma irracional o maliciosa[1].

Cuando al extraordinario cuadro que es el hombre, se le sustrae algún aspecto esencial, se le condena al fracaso más absoluto, por muchas voces que griten en las plazas que el hombre sólo es una obra de arte que fenece. Únicamente los ojos turbios y desvaídos se engañan a sí mismos.

DN 1 de marzo de 1983


[1] Amadeo de Fuenmayor, Legalidad, moralidad y cambio social. Derechos fundamentales y familia cristiana, Eunsa, Pamplona 1981, p. 87ss.

sábado, 10 de noviembre de 2007



Una sencilla idea
http://www.tommyswindow.com/story_tommy_spanish.htm

“El verano es un momento propicio para visitar las obras de arte, para conocer los desconocido, para profundizar en lo experimentado, para desempolvar lo oculto y sacarle brillo a las más pequeñas acciones”.

También este año sigue pasando gente por la Catedral de Pamplona. Además de los motivos tradicionales, hay que añadir uno particular: la iglesia cabeza de la diócesis es lugar donde poder ganar el jubileo. El año Santo de la Redención está marcando las mañanas y las tardes de muchas personas de Pamplona, de Navarra y de más allá de los límites de la provincia.

El verano es un momento propicio para visitar las obras de arte, para conocer los desconocido, para profundizar en los experimentado y, también, para desempolvar lo oculto y sacarle brillo a las más pequeñas acciones.

A ti amigo –de dentro o de fuera– te brindo una idea, una sencilla idea. Cuando penetres en la Catedral de Pamplona, después de haber contemplado la fachada principal de estilo neoclásico proyectada por Ventura Rodríguez y realizada en el último cuarto de siglo XVIII, vete derecho, sin parar –es un consejo de amigo–, hasta la capilla del Santo Cristo, sita en el brazo sur del crucero. Arrodíllate un momento. Piensa en el ayer que pasó, en el hoy que disfrutas y en el mañana que esperas, y haz caso a tu corazón que te hablará de amores y de perdones, de entrega y de cobardías.

Allí está el Santo Cristo Crucificado, obra del artista navarro-riojano Juan Bazcardo, que trabajó a fines del siglo XVI o principios del XVII. Hay personas que suben por una escalera lateral hasta los pies de la cruz y allí depositan los ligeros fardos de esta vida. Tu no lo hagas, si no quieres. Pero mira al Cristo despacio. El cuerpo aparece un tanto doblado por el dolor. Los brazos tensos. La cabeza caída. Una aureola de luz y unos maderos llenos de nudos. Arriba un ángel con semblante de cielo. Mírale despacio y piensa: Año de la Redención.

La leyenda dice que cuando el mechón de pelo sanguinolento que cae de la cabellera de Cristo y le oculta la cara llegue a tocar el pecho, sucederá el fin del mundo. Es una leyenda.

Pero el Cristo de Juan Bazcardo es una voz a tu conciencia, a tus años, a tu vida y también una esperanza a nuevos horizontes. Antiguamente se denominaba ”Cristo del trascoro”, por estar situado en el lugar que indica su nombre, cuando el coro ocupaba el centro de la Iglesia Catedral.
No te levantes sin hacer un acto de fe, de esperanza, de amor. Y reza por las intenciones del Papa: un Padrenuestro y un Credo. Hoy le sirve de marco el retablo de corte neoclásico que ya tenía en su anterior emplazamiento, realizado por Manuel de Ugertemedía, arquitecto de San Sebastián, a mediados del siglo XIX.

Forma un templete de arquitectura grecorromana construido con jaspes y mármoles de las canteras de Almándoz, Aizcorbe, Aldaz y Echaurri.

Allí está el Sagrario. Haz un acto en su presencia y levántate. Sigue visitando la catedral y después, cuando salgas a la calle, te parecerá todo más hermoso. La vida cobrará para ti una nueva dimensión.

He querido ser tu cicerone.

DN fecha y año s/l

viernes, 9 de noviembre de 2007


EL EXTRAÑO HILO DE ARAÑA


“Una clara mañana de septiembre, una pequeña araña, después de haber abierto su envoltura de seda, dejó caer, desde la cima de un árbol donde había nacido, un largo hilo que transportado por el viento, se colocó sobre un cercado que estaba debajo. Aquí construyó su telaraña”.

El próximo 28 de enero, una vez más brillará en las extensas praderas del espíritu científico-cristiano, la luz fresca y refulgente, proyectada por la gigante figura del Docto Angélico, desde la ribera de otros mares.

Sano Tomás de Aquino fue –permítasenos la comparación– como un finísimo rayo láser, que penetró en las profundidades de las esencias constitutivas y de los principios de las cosas, obteniendo resultados valiosísimos para su tiempo y el nuestro. A la vera de sus escritos, traspasando las fronteras racionales, se ha encendido la pantalla de muchas almas, con el fuego de la luz de Dios, en la segura obscuridad de la fe.

Ante esta catarata de luz y de voz, si somos justos, recordaremos: Dios habló primero. En eso consiste la Revelación, en la iniciativa de Dios, que en un desbordamiento de amor, se ha encontrado personalmente con el hombre para abrir con él, por todo lo ancho del universo, un diálogo de salvación. Es Dios quien inicia la conversación en las plazas del corazón, y es Dios quien la lleva adelante. El hombre escucha asombrado y responde con tímidos balbuceos.

Sin embargo, la respuesta que Dios espera del hombre –a veces desdibujada entre los gritos y clamores disonantes, nacidos de la vieja soberbia– no se reduce a una fría apreciación intelectualista de un contenido abstracto de ideas, es algo más.

Si Dios –hemos afirmado– sale entusiasmado al encuentro del hombre y le habla, es porque le ama y quiere salvarlo. Por consiguiente, la respuesta del hombre, imagen y semejanza de Dios, debe ser ante todo, una humilde aceptación agradecida de la iniciativa divina y un confiado abandono en la arrolladora fuerza de su amor que se nos anticipa.

El hombre, observa Santo Tomás de Aquino, mientras camina en esta vida, puede alcanzar una cierta inteligencia de los misterios sobrenaturales gracias al uso de su razón, pero sólo en cuanto ésta se apoya sobre el fundamento inquebrantable de la fe, que es la participación del mismo conocimiento de Dios y de los bienaventurados.[1]

Y el gran San Agustín había escrito: «Creyendo llegas a ser capaz de entender; si no crees nunca acertarás a entender. La fe, pues, te purifica, a fin de que te sea concedido alcanzar la plena inteligencia. La inteligencia es el fruto de la fe. No buscar, pues, entender para creer, sino creer para entender».[2]

Al filo de estas sentencias, me acordé de aquella parábola joergenseniana que había leído hace tiempo, en “El problema de Dios y las ciencias”, de Vittorio Marcozzi.[3]
Una clara mañana de septiembre –dice el poeta danés, convertido (1866-1953)–, una pequeña araña, después de haber abierto su envoltura de seda, dejó caer desde la cima de un árbol donde había nacido, un largo hilo que, transportado por el viento, se colocó sobre un cercado que estaba debajo. Aquí construyó su telaraña. ¡Extendida en el azul del cielo, recubierta de gotas brillantes, parecía una blonda cuajada de gemas! Pero una fea mañana de octubre, la pobre araña, inspeccionando su obra, se encontró con un hilo extraño, que subía, subía, y parecía perderse en las nubes. Aguzó los ojos para ver donde acababa. ¡Pero inútilmente! Parecía que no tuviera apoyo. La pobre araña perdió la paciencia, y sin buscar ya más, sin probar la consistencia de aquel hilo, con un golpe de pinza lo rompió. En el mismo instante, la telaraña cedió, y la araña cayó en el cercado de espinas, con la cabeza cubierta con un pequeño y húmedo trapo: su maravillosa telaraña.

Es fácil entenderlo. El hilo de arriba es nuestra fe. En algún momento de nuestra existencia nos podrá parecer que no tenemos punto de apoyo. Antes de romperla examinémosla. Estudiemos. ¡Qué triste sería nuestra vida sin la acción de aquel hilo maravilloso! Si al caminar por la tierra no entiendes, cree, y la fe te abrirá las puertas de la inteligencia de par en par.

Sólo la constante obediencia de la fe, con la cual el hombre se abandona por completo a Dios en plena libertad –el extraño hilo de araña– puede llevar a la comprensión profunda y sabrosa de la verdad divina.

DN 29 de enero de 1980


[1] Roger Vernaeaux, Actualidad de Santo Tomás, Palabra 164, IV (1979) 163.
[2] Cfr. Claudio Basevi, ¿Por qué creer? San Agustín, Eunsa, Pamplona 1979, pp. 58-61.
[3] Cfr. Vittorio Marcozzi, “Il problema di Dio e le scienze”, Morcelliana, 1965, p. 14, y en nota cita a G. Joergensen, Parabole, trad. E. Battaglia, Firenze, G. Glandini, 1918, p. 14.

lunes, 5 de noviembre de 2007


El anciano y el niño


“El anciano me paró en medio de la calle y me dijo: «Hay cosas que no se entienden mirando hacia afuera». La verdad es que no supe qué decir. Sólo miré el rostro del anciano y observé un no sé qué de sabiduría profunda en sus pupilas. Luego me narró su vieja historia...
la suya, con todos los detalles”.


En este mundo en el que vivimos, encontramos, con frecuencia, realidades que no acertamos a explicarnos. Unas veces, por la grandeza de las mismas; en otras ocasiones, por la escasa agudeza de nuestra inteligencia. Sin embargo, las cosas están ahí, existen, persisten y permanecen. Nosotros, en cambio, pasamos y cambiamos.

Todos los años, así, casi sin pensarlo, comienzan a verdear los campos, cubriendo con sus plumas verdes la piel yerta de la tierra. Y el álamo del río se cuaja de finas hojas, cual si fueran corazones de esperanza. Y la acacia de la plaza se adorna y saluda a los ancianos que descansan en el banco de madera, a la vez que aplaude a los niños que revolotean a su lado.

Los plátanos silvestres, mochos y romos hasta hace pocos días, comienzan a despertar a la vida del sueño del invierno, señalada en brotes diminutos.

Y una nueva oportunidad se nos brinda para contemplar las flores y las rosas. Una extraordinaria aventura para soñar con ricos frutos.

El trabajo y el sol, el agua y la tierra y una noria de vasos siempre iguales que rueda lentamente, misteriosamente, por el viejo planeta de los hombres.

Y aunque es verdad que el sol que calienta a las plantas puede en ciertas ocasiones agostarlas y que la lluvia que nutre las flores puede a veces pudrirlas, no decimos que sea el sol, ni la lluvia, propiamente, los causantes de tales efectos: «El Sol que brilla sobre el barro es el mismo que brilla sobre la cera. Y mientras ablanda la cera, endurece el barro. La diferencia no está en el sol, sino en aquello sobre lo que brilla».[1]

El ser humano, sin embargo, siempre es libre. Puede girar alrededor del Creador y moverse en su círculo o, por el contrario, puede dar vueltas en torno a las criaturas y meterse en la órbita de las mismas. Esta es una realidad que a veces no entendemos.

Hace unos días me encontré con un anciano. Llevaba muchos años encima de sus espaldas. Iba algo encorvado. En su mano derecha sujetaba un recio bastón. Le apoyaba, con fuerza, sobre la tierra. Las manos, curtidas por el sol y el aire, pregonaban amor al trabajo y a la familia. De joven, con toda seguridad, habría sido un mocetón. La gorra de paño cubría una calva prolongada. Sus ojos, más de una vez, habían contemplado la cosecha en su sazón y, también habían mirado, con entusiasmo, los primeros pasos de sus hijos. Después se habían ido... unas y otros.

Me paró en medio de la calle y me dijo: «Hay cosas que no se entienden mirando hacia afuera. Y es curioso, cuanto más se mira, menos se percibe».[2] La verdad es que no supe, de momento, qué decir. Sólo miré el rostro del anciano y observé un no sé qué de sabiduría profunda en sus pupilas. El rostro le brilló de repente y como si me hubiera conocido de toda la vida, prosiguió: «No todos crecen iguales».[3] Luego me narró su vieja historia... la suya, con todos los detalles. Quise animarle, pero no pude. Se dio media vuelta y se marchó.

Allí, a dos pasos, un grupo de niños correteaba alegremente. Me fui hacia ellos para verlos más de cerca. Saltos aparentemente sin sentido. Gritos envueltos en sonrisas y pequeñas carcajadas. Un balón danzando de aquí para allá; una bota por los aires. Luego, llegaron más chiquillos. Se aumentó el barullo, creció el movimiento. Se organizó un partido de fútbol. Me senté en el banco de la plaza. Sin darme casi cuenta, llamé a gritos a un pequeño. No me hizo caso. Siguió con sus cosas y con sus juegos. Moví lentamente la cabeza sobre mi pecho, mientras repetía en mi interior como masticando las palabras: “En este mundo en el que vivimos, nos encontramos, con frecuencia, con realidades que no acertamos a explicarnos».[4]

Volví la vista para atrás. El anciano estaba lejos. Le despedí con la mano. El no me vio. Le dije sin pronunciar palabra: «El sol que brilla sobre el barro es el mismo que brilla sobre la cera». Más tarde dirigí los ojos, de nuevo, a los niños de la plaza. Todos se habían ido. La plaza estaba solitaria. Unos bancos, una fuente y unas plantas... Antes de marcharme yo también recordé: «El ser humano, sin embargo, siempre es libre».[5] Una voz, en mi interior, me repetía, a la par que el viento soplaba allá a lo lejos: «Sí, pero más libre -verda-deramente libre- si se mueve en el área del Creador y no el campo de lo creado».[6]

En más de una ocasión he dado vueltas a estas cosas. Pero, ésta es una realidad que a veces no la entiendo.

DN 21 de abril de 1982

[1] Fulton J. Sheen, Las siete palabras. Victoria sobre el vicio, Editorial Planeta, tercera edición, Barcelona 1961, pag. 138.
[2] Confidencia hecha por el anciano.
[3] Ïbidem.
[4] Fulton Sheen. La siete palabras, victoria sobre el vicio, Editorial Planeta, tercera edición, Barcelona 1961, p. 138.
[5] idem.
[6] idem.